lunes, 21 de julio de 2014

El agua; lo bueno puede ser malo y lo malo, ser mejor.

El petróleo está considerado en nuestra sociedad como el líquido por excelencia, del cual depende gran parte de nuestra actividad y vida, gomas, plásticos, combustible e incluso ropa, son componentes que podemos sacar de él. Impresionante lo que estos restos de seres vivos pueden hacer y lo que significan para nosotros; hay petróleo, hay poder, no hay petróleo, no hay poder. Pero el oro negro no es el líquido por excelencia en el planeta tierra, ni es el más necesario para nuestra especie, la humana. Existe otro capaz de dar vida y a la vez de quitarla en un suspiro, es el agua, H2O, un fluido esencial e insustituible en la vida de los seres humanos, compuestos en un 80% de esta sustancia y que han de estar bebiéndola durante cierto tiempo para no deshidratarse y no llegar a morir prácticamente disecados en los casos más extremos.

El agua, entre otras muchas aplicaciones, es útil para lavarse, para asearse, para tener un aspecto presentable, para expulsar las impurezas y suciedades que se hayan podido aposentar en alguna parte de nuestro cuerpo, y esto, aparte de permitir que seamos más atractivos, permite que nuestra vida sea más saludable, aumentando la higiene y alejando una gran cantidad de enfermedades. Entonces, el agua no solamente es donadora de vida sino que también es capaz de permitir que nos mantengamos con ella y útil para alargarla. A algunos les parecerá una tontería, pero ahora mismo, después de estas tres ventajas que este líquido aporta, lo veo bastante más importante que cualquiera de las cosas a las que estamos haciendo referencia continuamente; gastronomía, fútbol, música, moda, etc. El H2O es mucho más que eso y, aparte, es capaz de estar dentro de todo eso, cualquier comida que preparemos e ingiramos se compone de agua, aunque sea en una parte minúscula, los campos de hierba en los que se juega al balompié son regados también con esta sustancia, sin tener en cuenta la cantidad de sudor que los jugadores derrochan, sudor que está compuesto en gran parte por, adivinen, agua. Aunque no estemos continuamente haciendo referencias a este zumo transparente, incoloro e insípido, él las está pidiendo sin cesar, no cesa de gritarnos al oído, ¡Estoy aquí, hazme caso! Se esparce por todas partes, pero es tan inteligente que a la vez parece que no está en ningún sitio, fuente de todo, vida y muerte, permanece en la sombra, sin ser considerada como debería. Si galardonamos a estrellas, científicos, escritores, médicos y demás por su trabajo, ¿no deberíamos de galardonar al agua con el mayor reconocimiento posible?, ¿no deberíamos pararnos a pensar, de vez en cuando, que todos los que estamos aquí, los que hemos estado y los que vamos a estar no somos más que el fruto del trabajo de un líquido que no deja de moverse, el bendito agua?


¿Quién es capaz de dudar del poder de este magnífico fluido?, ¿Quién es capaz de dudar de todo lo que ha hecho por nosotros esta mágica sustancia? La mejor y peor especie que existe en este planeta, la especie humana, los hombres y las mujeres. Capaces de considerarse el tope en cualquier escalón evolutivo, capaces de considerarse los amos y señores de la tierra, actitud atrevida como mínimo. Grandes economistas y especuladores piensan que pueden poner precio al agua y pueden hacer de ella una posesión del hombre, los litros que caigan en este parcela son míos, es decir, todo lo que vaya a llover dentro de esta zona es mío y no de mi vecino. ¿Quienes se creen estos pintorescos personajes? Ya no es que le pongan precio al agua existente y que hagan que el H2O que esté en un sitio u otro pertenezca a personas diferentes, sino que son capaces de fijar las gotas que van a caer sobre un lugar y fijar una cantidad de dinero sobre cada una de ellas, las cuales son imaginarias, de momento no existen y son fruto de un cálculo a priori que puede resultar catastrófico y ser totalmente diferente a lo imaginado, eso sí, ya están vendidas, sino caen sobre tu parcela, mala suerte, pero el dinero está en mi bolsillo. 

Lo peor del asunto, es que estamos contaminando este oro líquido y transparente día tras día, con químicos y demás; polución de diferentes fábricas y talleres, gases, jabones y más diversas sustancias nocivas, todos los días cayendo sobre diferentes caudales de agua, estropeándolos cada vez más, haciendo que especies animales tengan que cambiar de lugar de residencia en el mejor de los casos y haciendo que sean capaces de adaptarse y desaparezcan.Contaminamos lentamente nuestra propia vida, en el Océano Pacífico existe una acumulación de plásticos enorme, los cuales son capaces de formar verdaderas islas del tamaño de la India, que por donde pasan, arrasan y que podemos ver incluso desde fuera de nuestro planeta, el agua cada vez se hace menos apetitosa y cada vez está más envenenada, hoy en día todavía podemos tratarla para hacer que sea apta para el consumo humano, pero llegará un punto en la historia de la película de la Tierra en que no pueda hacerse esto, por dos motivos muy claros, por falta de la misma, ya que el calentamiento global hace que mucha desaparezca, y por la extrema contaminación de la misma, llegada a tal nivel que seamos incapaces de tratarla, ese día, aparecerá el típico oportunista y mencionará las palabras mágicas: "ya os dije que el agua es muy buena, que nos da vida, que nos permite mantenerla, pero que cuando nos cruzamos en su camino, ya sea accidentalmente, como en un naufragio o permaneciendo perdidos en medio de una tormenta marítima, o bien, de forma  intencionada, contaminándola de la manera que lo estamos haciendo, nos castiga de la peor forma, haciendo que nos destruyamos con nuestra propia medicina, comiéndonos nuestra propia basura."


Espero que podamos seguir diciendo todos los días que el agua moja, el cielo es azul, y las mujeres..., las mujeres tienen secretos.

miércoles, 16 de julio de 2014

Reflexiones cuando me pica un pie

Que me pique un pie es algo normal y muy simple, algo que le pasa a todo el mundo, feos y menos feos, ricos y pobres, buenos y malos, a todos ellos les ha picado, al menos una vez en su vida. Los factores son muy numerosos, quizás un mosquito, tábano o abeja nos ha pinchado con su afilado y malévolo aguijón, quizás alguna pelusilla está paseando por él, o quizás, tenemos una herida con su costra ya a punto de desprenderse. Puede que tengamos hongos o varicela, cualquier cosa, eso sí, a todos nos ha pasado, siendo pesimistas, en al menos, una ocasión.

Los curiosos necesitan saber el por qué de las cosas y, por tanto, para conocer la causa del picor de alguna de sus pezuñas, deben conocer el entorno y conocerse a sí mismos, aparte de emplear en alguna ocasión la famosa Navaja de Ockham , la causa más sencilla es la presumiblemente acertada. Debemos saber dónde tenemos los pies, el clima del lugar, los insectos que puedan sentirse atraídos por nuestras extremidades inferiores y los corpúsculos de polvo o diferentes componentes que floten en nuestra cercanía. Cuando tengo la sensación de picor, miro hacia la zona afectada y a la vez me rasco, intentando solucionar esa circunstancia; si al mirar no veo nada extraño, descarto que el pie me pique por castigo y obra divina, uso el cerebro, que para algo lo tengo. Después de observar y descartar diferentes hipótesis, me fijo con más detalle en mi pie y observo una zona roja, irritada, he ahí el conflicto, esa irritación en la piel ha causado en mí ese escozor.


Por tanto, como a todos nos pican los pies, en cierto modo, todos tenemos características iguales y, por ello, somos semejantes al menos en ese aspecto. Uno podría ser rico y tener 7 coches, 4 casas y una piscina de 300 metros de longitud, pero aun así, en cualquier momento le picará un pie. Otro podrá ser pobre y vivir dentro de un barril como el entrañable Diógenes y también le pasará lo mismo. La vida es así, todos nacemos, todos necesitamos comer y lo hacemos, muchos nos reproducimos para que la especie sobreviva y siga con este ciclo, a todos nos pican los pies a no ser que no tengamos, y todos estamos destinados a morir, eso sí, una vez muertos, nunca vamos a sentir picazón en nuestras evolucionadas pezuñas, porque, por suerte o por desgracia, no sentimos, y este es otro aspecto importante, ya que al estar vivos, sentimos, padecemos y experimentamos, por tanto, si y solamente si estamos vivos nos pueden picar los pies.

En definitiva, somos iguales porque padecemos ese hormigueo en nuestros pinreles, ni reyes ni futbolistas dejan de padecerlo, por ventajas sociales y económicas que tengan. Somos humanos porque sentimos picazón en esa parte de nuestro cuerpo y cuando dejamos de serlo, al morir, no sentimos nada; alégrense, si algo nos escuece es porque estamos vivos y eso ni con todo el oro del mundo puede comprarse. Y, aunque parezca una chorrada, si nos pican los pies, somos filósofos, descartamos las causas más improbables, las máscaras de la realidad, para luego, razonando y observando, conocer el por qué del asunto, aparte de tomar la decisión más adecuada, con más pros y menos contras, que en este caso suele ser rascarse. ¿Todavía piensan que sentir picor no es relevante?


martes, 15 de julio de 2014

¿Sólo un partido de fútbol?

Podríamos decir que lo que ayer se disputó no era más que un simple partido de balompié, visto desde fuera, podría decirse que sí, sin duda. Pero, en el fondo, este sencillo encuentro, en el que dos equipos se enfrentaron, es bastante más que sólo un "partido de fútbol". Al término del mismo, se vieron las dos caras que tiene la vida, la bonita, la dulce y la deseable, la alegre, la feliz, la victoriosa... y la fea, la amarga, la no deseable, la triste, la del perdedor. Cuando las cosas nos salen bien, estamos contentos, reímos y hasta lloramos de la emoción. Cuando es al revés, estamos tristes, sufrimos y derramamos lágrimas por lo mal que nos va o nos ha ido.

Ayer, tanto alemanes como argentinos querían coronarse como campeones del mundo, unos por cuarta vez y, los otros, por tercera, una hazaña, que es de todo menos sencilla. Ganaron los teutones, como casi siempre, llevaban mucho tiempo a gran nivel y 24 años sin ganar este preciado título, se lo merecían, ya que lo habían rozado en numerosas ocasiones. Premio al trabajo, no cabe duda. Pero, los que tienen capital en Buenos Aires, también tenían sus motivos y sus armas, 28 años sin ser campeones, querían re-coronarse y hacer a Messi el mejor, si no lo es ya; a pesar de esto, Argentina había hecho el ridículo en otras ocasiones, batacazo en fase de grupos en Corea y Japón en 2002, derrota bochornosa 4 a 0 en Sudáfrica en 2010 frente a Alemania y demás citas que ahora mismo no soy capaz de recordar. Podríamos decir que, en esta ocasión, se ha premiado al trabajo, a la constancia y al esfuerzo; Alemania llevaba desde 2002, año en que fue derrotada por Brasil en la final, llegando a semifinales. Una anécdota que engrandece al combinado de Löw, es la Eurocopa de 2008, en la que, con un combinado muy limitado técnica y cualitativamente, se plantó en la final, la cual perdió contra la gloriosa España del tiki-taka, eso sí, haciendo un papel más que digno en la misma y tomando los mandos del partido en numerosas ocasiones. La selección germana es justa y merecida campeona, lo sería en cualquier deporte o disciplina, trabajo, trabajo y más trabajo; unión, cohesión, un equipo, una piña, los bávaros jugaron al fútbol como si toda la plantilla fuese un único futbolista; Messi de Argentina, Ronaldo de Portugal, incluso Robben de Holanda y Samaras de Grecia, todas las selecciones tenían su estrella, pero, ¿Alemania?, ellos no tenían una estrella, tenían un equipo, haciendo a todos los jugadores partícipes y protagonistas de la machada, de la gesta que muy pocos logran. 


Esta actitud de convertir a todos en uno, es sumamente positiva, nadie está por encima de nadie, todos somos bloques de un mismo muro, organizado bajo la batuta del mejor director de orquesta posible, Joachim Löw. Esto no es fútbol, esto es vida, si todos nos uniésemos y peleásemos como los teutones, ninguna crisis nos haría daño, si tirásemos del carro en una dirección y no en cuarenta, todo sería mejor y más fácil. Si todos fuésemos iguales, ni reyes, ni políticos, ni ningún hombre o mujer estaría por encima del resto, todos tendríamos asumido que nacemos, vivimos y morimos, nadie se puede librar de ello.


Es fácil tachar a los forofos del deporte fútbol como ignorantes, borregos o incluso fanáticos y fanatistas, es fácil no entender porque lloran, porque sufren o porque disfrutan, es difícil entender de que se sienten orgullosos, en definitiva, es sólo un deporte de 22 tíos siguiendo una pelota. Es muy simple decir que es sólo fútbol, que no hay nada más, que es un negocio, un cuento, un atrapa y engañabobos, una droga mediática, pero, después de tantos gritos, lloros, lágrimas y risas, es más fácil pensar que esto no es sólo un deporte, sino algo más, esos aficionados que se llevan la mano al pecho al escuchar el himno de su país, esos forofos que lloran la muerte de un famoso futbolista como la de un familiar propio, esos futbolistas que cantan el himno de su nación y lloran con él, esos jugadores que se parten la cara, el pecho y las rodillas, no para ganar, sino para, por lo menos, perder con dignidad. El sufrimiento que sentimos cuando nuestro equipo querido pierde una gran final o pierde su categoría, ese sentimiento, ese misterio que nos hace vibrar, esa mística del fútbol que muy pocos o nadie entiende, pero que muchos sienten y padecen, esa segunda religión, el balompié; ¿sólo un deporte? Después de todo, es, por lo menos, difícil de afirmar.



miércoles, 9 de julio de 2014

El derecho de ganar o el deber de la victoria.

Derechos tenemos todos, nadie puede ponerlo en duda, eso sí, a pesar de que la mayoría de los sistemas propongan la igualdad de los mismos en todas las personas, a la hora de la verdad no es así. No todos gozamos de los mismos derechos, o al menos, no todos podemos hacerlo, por ejemplo, si no somos jugadores de tenis y no se ha dado un punto o una fuera dudosa, no podemos pedir al juez que utilice el ojo de halcón. De ese beneficio sólo pueden gozar ellos y no el resto de personas. El mismo caso se daría con el capitán de un equipo de rugby o fútbol, cuando se produce un lance dudoso en el juego que el colegiado sanciona beneficiando o perjudicando a un equipo, el máximo representante del mismo, el capitán, puede protestar, siempre de manera respetuosa, la acción, al árbitro. Por tanto, tiene un derecho por encima de los demás, el de protestar, o mejor dicho, reclamar. Es una absoluta mentira que todos gocemos de los mismos derechos y libertades, no hay más que leer lo previamente expuesto para auto-convencerse de ello. Que no nos engañen, derechos tenemos todos y muchos, pero no los mismos que un bombero, un policía, un futbolista o un tenista. Tampoco tiene los mismos derechos una persona en paro que otra con trabajo, obvio y cristalino.


Otro aspecto, serían los deberes, los cuales son obligaciones que recaen sobre todos nosotros, y aquí, sí que coinciden, mucho más, los pertenecientes a unos y otros. Todos tenemos que pagar impuestos, bien es cierto que la cantidad de dinero que aflojemos, depende en cierta medida, de nuestra renta, pero al fin y al cabo, tenemos esa obligación, la de pagar unas tasas al Estado. Tenemos la obligación de respetar la bandera de nuestro país o nación y las de las diferentes comunidades autónomas, obligados, en cierto modo, a saber comunicarse en castellano, al ser la lengua oficial del Estado. Se podrían reconocer las obligaciones como "no-derechos", es decir, impedimentos de algún tipo de los mismos, por ejemplo:

El rey, al ser el Jefe del Estado, ha de ser imparcial y no mojarse a la hora de hablar de política, tampoco puede votar en unas elecciones. Por tanto, no tiene derecho a voto, o lo que es lo mismo, está obligado a no votar o tiene el deber de no hacerlo. Yo, en cambio, aunque no recibo un salario de más de 120.000 € al año por parte del Gobierno, puedo hablar de política públicamente y puedo votar a quien me venga en gana.

Sigue siendo mentira, pues, que todos, hombres y mujeres, nazcamos con los mismos derechos y obligaciones, y eso que vivimos en "la sociedad más justa posible", imagínense la más injusta, ¡Qué horror!



Un punto que está muy presente en nuestras vidas es el de ganar, ganar en cualquier juego o deporte. Esto consistiría en salir victorioso de una lucha o guerra contra uno o varios rivales, por parte de un hombre o un equipo. Ganar queremos todos, ya lo decía Jorge Valdano, gran jugador y mejor persona (como siempre se dice), ¿Es ganar un derecho o, por el contrario, es un deber? Si se entiende como una obligación, haría que una serie de intereses por parte de diferentes oponentes se pusiesen cara a cara y triunfasen unos sobre otros. El deber de ganar llevado a cabo por unos, haría que otros no lo lograsen, algo injusto y poco coherente, ya que si todos tenemos el deber de hacerlo, todos tenemos que hacerlo, entonces, ¿por qué unos lo hacen y otros no? Considero que es menos atrevido y más lógico, establecer el acto de ganar como un derecho, algo a lo que podemos aspirar, pero a lo que no muchos logran llegar, no es fácil, hay que esforzarse. Todos tenemos las mismas ganas de vencer, todos tenemos el mismo derecho de batir a nuestro oponente, todos, más o menos limitados por nuestras capacidades, tenemos, en principio, las mismas posibilidades de triunfar que el resto; si Tahití fuese al Mundial de Rusia de 2018 (hablamos de fútbol) , tendría el mismo derecho y las mismas posibilidades de salir victoriosa que los 31 equipos restantes, aunque a priori venga de una confederación más débil, como es Oceanía y se la considere como "La Cenicienta" del grupo de la muerte formado por Brasil, Italia y Alemania. Tahití empieza la competición con su casillero a cero como el resto de combinados nacionales, tiene derecho a ganar, como los demás, aunque presumiblemente no las mismas ganas, ya que las grandes potencias, al saborear el éxito de hacerlo, quieren repetir, para así también tallar sus nombres en el Olimpo.


jueves, 3 de julio de 2014

El problema es que no existe ningún problema.

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano se ha diferenciado del resto de animales; por supuesto, tiene dos brazos y dos piernas, camina erguido sobre ellas y goza de una profunda capacidad intelectual y comunicativa. ¿Cuándo hemos dado ese salto? Es muy atrevido decir que somos mejores que los animales, no cabe duda, pero tenemos algo, Dios sabe qué, que nos hace sentirnos así y que por momentos nos hace, incluso, hasta serlo. Quizás una mente ordenadora y caprichosa ha introducido en nosotros una serie de capacidades para así serlo, quién sabe. A pesar de todo, hemos de aprender bastante de nuestros compañeros de hábitat, demasiadas lecciones les quedan por darnos, bendita superioridad la nuestra que nos permite apreciar las desventajas que tenemos sobre el resto. Quizás una de nuestras más preciadas características sea la de aprender de los errores de la forma más dolorosa, errando y volviendo a errar. Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, yo no tropiezo en tan pocas ocasiones, puede que lo haga unas quince o veinte, pero, al fin y al cabo, en un momento u otro, provocado por mi reducida lucidez, apartaré la piedra del camino y continuaré con mi ruta, sin tener que alejarme de la piedra o cambiar mi dirección; pequeña desventaja, aunque bien enfocada es una enorme ventaja.


Maldito egoísta y caprichoso al que se le ocurrió permitirnos existir, nos ha obligado a estar continuamente quitándonos piedras de los zapatos y de los caminos por donde pasamos. Que sencilla es la vida de una planta, que cómoda, sutil y envidiable parece; me encantaría ser una roca, observando impasible las idas y venidas del Sol, y percibiendo como todo a mi alrededor crece y se desvanece en ese proceso tan maravilloso que es el de la vida. El viento golpeándome suavemente y yo, un guijarro, testigo mudo de todo lo que acontece; pero he ahí el problema, la mudez. ¿Para qué saber cosas sino podemos transmitirlas? Ya no me refiero a transmitir a los demás, sino a nosotros mismos, seríamos mudos tanto para hablar como para pensar, a pesar de esto, bendita y sencilla vida vegetal, sin preocupaciones, sin dolor y sin estrés. 

Si fuese una roca, seguramente querría ser un humano y ahora que soy lo último, quiero ser lo primero, cosas que pasan, cuando se tiene una cosa se quiere otra y viceversa. Realmente no tiene sentido, pero así es, quizá evolucionar no sea tan bonito como lo pitan y las cosas por ser complejas no van a ser mejores, muchas veces, cuanto más sencillas, más beneficiosas. Somos expertos en complicarnos la vida, si los primeros utilitaristas levantasen la cabeza...

Puede que el peor problema de nuestras vidas es que no haya ningún problema o que no haya nada que nos empuje a actuar, cuando tenemos inquietudes o problemas de diferente tipo, cuando tenemos necesidades, es cuando damos la talla y el do de pecho; una vida sin problemas no merece la pena ser vivida, siendo humanos, por supuesto, si fuésemos piedras, sería fabuloso, pero no lo somos. Problemas venid a mí, me encantan los retos, y si pueden ser difíciles mejor, le dan sentido a mi vida. El verdadero sentido de la vida no es estar informado, sino vivir el misterio, el misterio de no saber cómo solucionaré mis conflictos o el de la incertidumbre que el futuro trae consigo. No conocemos el sentido de la vida y debemos encontrarlo para que así exista.


jueves, 26 de junio de 2014

La perfección, George Eastman y el posible sentido de la vida.

Si sabemos todo, si somos perfectos, ¿para qué venimos al mundo? Para nada. No tenemos inquietudes, hemos alcanzado todo, nuestra meta ya está marcada antes de que pensemos, no tenemos fallos que corregir. El suicido sí que estaría justificado si fuésemos perfectos; que aburrimiento, no tendríamos que aprender leyes, conceptos y demás. Sinceramente, yo me suicidaría en el caso de ser perfecto, me encanta esta imperfección, la cual es capaz de imaginarse y desarrollar cosas perfectas. Si somos dioses sin fallos y sin preguntas porque todo lo sabemos y todo lo podemos, es mejor que decidamos quitarnos de en medio para que otros aprovechen lo que yo ya no puedo aprovechar porque soy superior a toda circunstancia posible.

George Eastman, el fundador de Eastman Kodak Company e inventor del rollo de  película, el 14 de marzo de 1932, considerando que había alcanzado su meta y perturbado por enfermedades degenerativas que le impedían andar, escribió antes de suicidarse: “To my friends; My work is done. Why wait?” Sí, sin duda había llegado a la perfección de su obra bajo su percepción y así decidió quitarse la vida, ¿Para qué esperar? Sinceramente, si somos perfectos, no vale la pena.


Somos y nadamos en un mar de dudas, de incógnitas y de inquietudes; somos un accidente, posiblemente sí, pero un accidente dudoso, un accidente al que le han dado el mayor don que los dioses o la naturaleza o cualquier entidad por rara y pintoresca que parezca puede dar, la pregunta y la razón. Quizás no seamos perfectos, quizás hasta que nos muramos no cesemos de preguntarnos cosas, puede que lo que yo considero como “todo para nosotros” sea la duda y el insaciable anhelo de saber del ser humano y el “para nosotros nada” sea la incapacidad de plantearse preguntas y de buscar respuesta, sea la incapacidad de darle sentido a la existencia, sea la manía de caer en la apatía, el dogmatismo o el nihilismo. La verdad está ahí fuera, delante de mis narices, no se esconde, pero los medios de los que disponemos son escasos y debemos mejorarlos, para ello, lo primero es preguntarnos: ¿estamos haciéndolo bien?, ¿en qué podemos mejorar? Así llegaremos a ser mejores que los humanos que nos han precedido y haremos que los venideros nos superen, pues no hay mayor satisfacción que ver como un alumno supera a su mentor.





Atrévete a saber decía Kant; Atrévete a equivocarte decía Hegel. Atrévete a preguntarte y harás las dos cosas anteriores. La vida tiene sentido y el sentido se lo dan todos y cada uno de ustedes; por favor, no hagan como Eastman, en la vida hay maravillas, pero debemos buscarlas y encontrarlas. Los físicos dicen que debemos formular a los átomos preguntas oportunas para obtener respuestas adecuadas, y así haremos en la vida. Situaciones oportunas para obtener resultados adecuados.




miércoles, 25 de junio de 2014

La cuestión bipolar y la influencia de la filosofía de Platón.

La filosofía de Platón constituye un dualismo que será el eje en toda su obra, diferenciando dos realidades, la de la sombra, en la que estamos nosotros y con la que tenemos contacto constante y la de la luz, la de las ideas, a la que podemos acceder, pero es realmente complejo, ya que muchos de nosotros estamos muy cómodos en la situación que estamos y no queremos salir de ella, aparte de realizar un importante ejercicio de ignorancia, porque en muchos casos no sabemos que hay más allá de lo que estamos viendo en este mundo tan imperfecto.


El pensamiento platónico tendrá una gran importancia durante gran cantidad de siglos, influyendo notoriamente en los desarrollos del sabio de Hipona, San Agustín, el cual toqueteó durante un tiempo con la teoría de Plotino, teoría que no hacía otra cosa que recuperar las consideraciones de Platón y darle alguna que otra pincelada. Galileo se verá también influenciado por el ateniense, hasta el punto de afirmar que la naturaleza es un libro escrito en lenguaje matemático y que no se puede conocer de otra manera, sino es mediante leyes matemáticas universales, tal y como el sabio griego planteaba y consideraba en El Timeo, por ejemplo.



La existencia de dos mundos, uno superior y otro inferior permanece vigente todavía en nuestros días, ya que muchas religiones defienden esta idea, considerando la existencia de un mundo divino, el cielo o el paraíso, y otro mundo imperfecto, en el que estamos, que únicamente sirve de paso para llegar al otro o que no es más que una jaula de nuestro alma, que quiere escaparse hacia el mundo perfecto. Este sería el caso del cristianismo, islam, judaísmo y otras grandes religiones; esto se debe a que, aparte de que estas tradiciones tenían sus propias teorías sobre la naturaleza, muchos de sus pensadores a la hora de fundamentar sus desarrollos, utilizaban la figura y el pensamiento de Platón para buscar una similitud honorable entre la religión que defendían y a la que pertenecían y la figura de uno de los mejores filósofos que ha existido, al menos considerado así en parte de la historia. Pero la idea de que un mundo forme a otro no es tan descabellada, pues, en el ámbito de la física cuántica, según los estudios de numerosos científicos, sabemos que existe un mundo subatómico, formado por partículas elementales como serían neutrones, protones y demás, los cuales componen el mundo que nosotros conocemos, el mundo que nos rodea, generando como algún tipo de ilusión, tal y como Platón señalaba, considerando que lo que existe en el mundo sensible no es más que una proyección defectuosa de las ideas y formas que componen el mundo inteligible; en el mundo de las partículas sub-atómicas, esta proyección no es defectuosa, sino que no es más que eso, una proyección o una especie de ilusión producida por el roce y el choque de una gran cantidad de átomos en un espacio vacío.


 A pesar de que esté de acuerdo o no con el pensamiento de Platón, he de reconocer que ha servido como brecha en el pensamiento que se mantenía con anterioridad; ha sido quien de darle importancia a una ciencia, que serían las matemáticas y ha sido quien de pararse a plantear problemas políticos de una manera seria y profunda, llegando a desarrollar un modelo de sociedad perfecto.

Puede que haya caído en el dogmatismo, en su propio dogmatismo, alimentándose de un mundo superior a todo lo que existe, sin fundamento empírico ninguno, y haciendo constante referencia a la figura del Demiurgo, el arquitecto y ordenador de todo cuanto existe en el mundo material, pero a pesar de esto, ha tratado de dar una explicación a la naturaleza del hombre y de todo lo que le rodea y ha servido como guía para gran cantidad de pensadores como sería el caso de una de las mentes más brillantes de la historia y de quien desarrolló la teoría de la gravitación universal, Isaac Newton. Einstein decía que algunos conceptos que Newton utilizaba en su física no eran correctos pero que sí que eran adecuados para poder llegar a donde se tenía que llegar y para permitir que la física avanzase, pues lo mismo sucede en el caso de Platón, solo que en vez de física, hablamos de filosofía.