Veo que te encanta rechazar el finalismo y al mismo Dios, pero, ¿por qué? Quizás le tienes una
fuerte manía. Llegaste a afirmar que las especies que componen la
naturaleza no se movían buscando un fin, porque si no sobrevivirían todas y
entonces no habría evolución. En serio, ¿qué me intentas decir, grandioso
evolucionista, con esto? Quizás estés gritando a los cuatro vientos que no eres
capaz de usar el sentido común ni de ver más allá de lo que tienes delante. ¿No
es cierto que todos los seres humanos nos marcamos metas y fines en la vida? Algunos
los cumplimos y otros no, pero esto no quiere decir que no tengamos fines que
nos muevan, aunque para ti sí. Bien es cierto que muchas veces, al cumplir
un objetivo en nuestra vida, hacemos que otra persona no lo cumpla, pero esto
no quiere decir nada, ya que cada uno tiene las capacidades que tiene para
conseguir lo que se propone. Lo mismo pasa con los animales y plantas, algunos
tendrán fines, supongo que todos querrán sobrevivir, pues eso, querido amigo,
ya es una meta a seguir; y otros no los tendrán, eso sí, todos tienen sus armas
para luchar por su consecución y algunas están más o menos desarrolladas que
otras y por eso, unos sobreviven y otros mueren. Pero, mi buen amigo Darwin,
eso no quiere decir que no exista finalidad en la naturaleza y mucho menos
quiere decir que los individuos de una especie no se marquen objetivos ni
tengan fines en su vida.
Dos siglos después de todo lo que has dicho, tu teoría sigue teniendo gran cantidad de agujeros y malformaciones, aparte de que has sido demasiado atrevido; eres una figura envidiable, la teoría de la evolución es innegable, pero no es del todo como tú dices, aparte de eso, afirmar que no ha metido mano un autor inteligente, es muy poco humilde por tu parte, sería mejor que dijeses que no lo sabes y te ahorrarías cientos y miles de críticas. Por eso y muchas cosas más, este humilde aficionado que está estudiando tus teorías, te desea unas buenas tardes y que sigas conservándote tan bien. Un saludo, amigo mío.
Filosofar
es exigir a las verdades su certificado de autenticidad, su veracidad, su
certeza absoluta y no aceptarlas como verdades hasta que esta certeza sea
conseguida. Estamos rodeados de “verdades” que aceptamos sin rechistar y sin
duda porque la tradición y la cultura así nos lo han impuesto y así nos dicen
que es lo verdaderamente correcto, pero sabemos que lo correcto es muy
relativo, que lo correcto para mi puede ser incorrecto para otro, o quizás no
sea así y allá una serie de acciones y valores correctas/os.
El papel del
filósofo, aunque suene algo redundante y pueda parecer que es una broma es
comprobar la realidad de “la realidad”, lo verdaderamente real que nos rodea,
el mecanismo de la misma realidad y no dejarse llevar por las apariencias de
las formas ni por su envoltorio. Definir el filosofar es algo complicado, pues
al contrario que la ciencia no tiene objeto y si se le propone alguno, al
pensar en torno a él, estamos reflexionando; decimos que no tiene objeto porque
la labor filosófica no tiene nada propio en lo que aplicarse y el filósofo es
incapaz de transformar nada, únicamente sus pensamientos.
El filosofar es
una tarea contemplativa, una tarea de reflexión, muy específica y compleja,
pues el filósofo a diferencia de los científicos y de los religiosos que poseen
hipótesis y creencias, sólo posee un ojo, el ojo de la razón y el de la
facultad de ver, el de pensar.
El asombro es el
origen de la filosofía, el cual produce una reacción limpia frente a algo nuevo
y desconocido, una reacción sin ningún tipo de prejuicios. Pensar no es
únicamente registrar y el filósofo no estará satisfecho con acumular
conocimientos, sino que desea entender y para ello necesita asombrarse,
necesita sorprenderse por todo lo que le rodea, sin que se vea nublada en
ningún momento su capacidad para ver.
La filosofía no
se preocupa porque no consiga dar respuesta a todas sus preguntas; no le
importa asombrarse, es más, lo necesita para entender mejor la realidad, para
descubrir el mecanismo de la misma, para conocer la llave que abre la
inteligencia del mundo, lo que está verdaderamente debajo del envoltorio de las
formas y apariencias.
¿Quién es capaz
de responder?:
a)¿Existe
Dios? Nadie sabe.
b)¿Es
posible demostrar su existencia o su no-existencia? Nadie sabe.
c)¿Hay
vida después de la muerte? Nadie ha vuelto para contarlo.
d)¿Somos
todos iguales? Sí, pero no; no, pero sí.
e)¿Es
mejor la bondad o la verdad? Nadie es capaz de estar seguro de esto.
f)¿Existe
el mal? ¿Existe el bien? Existe el bien, el mal es falta de bien; existe el
mal, el bien es una ilusión; no existe nada de eso, es todo cosa de nuestra
mente. ¿La ciencia qué dice? Nada.
La religión da
respuestas cerradas a todas estas preguntas; Dios existe porque lo dicen las Escrituras, es posible demostrar
su existencia acudiendo a esas Escrituras, hay vida después de la muerte,
porque lo dicen esas Escrituras, Dios y todos los profetas, todos somos iguales
porque somos creaciones del mismo ser y todos tenemos su chispa, el alma, no es
mejor ni la bondad ni la verdad, porque dentro de la bondad está la verdad, por
tanto esta pregunta será absurda, no existe el mal, sólo existe el bien, pero
el hombre al ser libre y tener poco amor en su corazón, hace el mal.
El ateo,
partidario de la ciencia, hombre moderno e “intelectual” dirá que Dios no
existe porque no hace falta, que no hay vida tras la muerte porque somos
puramente animales y que sin cuerpo no podríamos vivir, que no somos todos
iguales, porque hay algunos mejores o peores, por evolución o por genética,
aunque todos debemos ser tratados de la misma forma, no se mojará en la
pregunta de la bondad y la verdad, considerando que cada uno verá lo que hace y
lo que piensa, la pregunta del bien y del mal la contestará diciendo que existe
el mal y como el mal existe, no cree en Dios.
El filósofo, más precavido y más reflexivo, se
parará ante estas preguntas asombrado y responderá con un rotundo NO SÉ, voy a
intentar saberlo y a ello se dedicará sin tener miedo a no obtener la respuesta,
pidiéndole el pasaporte a todo conocimiento que adquiera o a todo lo que
percibe, diciendo: eh tú, ¿en verdad eres real?, espera que vamos a comprobarlo…
Se sentará en su sillón, en su butaca o en su silla o si quiere se sentará en
medio de un prado o debajo de un árbol y se parará a pensar el porqué de todo y
el porqué de creerse todo lo que la tradición, la cultura y las personas le
transmiten y se planteará nuevas ideas, reflexiones diferentes, seguramente
algunas sean estrafalarias, extravagantes, sumamente diferentes, pero aunque
parezcan inverosímiles se dirá: ¿por qué no?
Filosofar
es, en definitiva, practicar filosofía de la manera más pura posible, haciéndose preguntas y tratando de darles
respuesta, alejándose de la rasgada capa de los prejuicios y de la ilusión de
las apariencias, asombrarse ante todo y ver todo como si fuese algo nuevo,
porque, ¿qué es la filosofía sin asombro?, ¿qué es la filosofía sin preguntas?,
¿qué es la filosofía sin examen?
Después de 4 meses, el proyecto que había empezado, ha llegado a su fin. Éste es el primero de muchos libros que pretendo escribir y seguramente sea el punto central del que traten los diferentes libros que pueda escribir a lo largo de mi vida; tiene alguna que otra laguna, claro está, pero analiza bastantes temas en profundidad, temas sobre los que mucha gente no se para a pensar y que son realmente importantes en nuestras vidas, sin más preámbulos os dejo una pequeña presentación del mismo y el enlace donde os podéis hacer con él, un saludo:
Ser Dios hoy en día, es tarea complicada, pues a la mínima todos los cuchillos apuntarán hacia él, por no ser capaz de hacer felices a todos los habitantes de este pequeño planeta, por ello, debemos comprender bien lo que es ser Dios y debemos comprender bien quién o qué cosa es Dios, para ello debemos guiarnos por nuestra experiencia en parte y por la otra observar y admirar toda esta vasta creación sea fruto de quien sea.
George
Lucas filmó en 1977 la primera película de la saga Star Wars, empezando por el episodio IV, A New Hope y más adelante vendrían las diferentes partes, primero V
y VI y más adelante la I, II y III. Escapando del cine, que es muy bello, pero
que no es un tema que nos atañe demasiado, nos dirigimos hacia la cultura y las
creencias de los Caballeros Jedi, que
eran prácticamente los protagonistas de esa saga de películas.
Hace no
mucho más de 10 años, un grupo de personas iniciaron una religión llamada
Jediismo o Jedaísmo basada en los preceptos y principios latentes en la saga de
La Guerra de las Galaxias, en un
primer momento estas personas hicieron esto por divertirse, un poco en broma,
pero lo que ellos no sabían era que más adelante y con el transcurso de los
años, esa religión de broma se convertiría en la segunda religión de Nueva
Zelanda con 53.000 personas en sus
filas, representando al 1.5% de la población del mismo país, ni tampoco podrían
saber que en el Reino Unido, mayoritariamente de creencias ateas o en su
defecto católicas o anglicanas, el número de Jediístas sería de 390.000 en el
año 2001, más de un 0.7% de la población.
Lo que ha
permitido mayoritariamente la transmisión de esta doctrina Jedi, ha sido la sociedad de la comunicación en la que vivimos hoy
en día, ha sido internet. Podemos afirmar con datos fiables que el número de
seguidores de esta religión en el mundo hoy en día es de más de 700.000, lo que
hace pensar que no es ninguna tontería o que si lo es, hay demasiados tontos en
el mundo, pero yo que creo en la raza humana descarto esta segunda hipótesis y
me quedo con la primera.
El Jediismo
combina elementos de diferentes religiones y filosofías; por ejemplo, una parte
de su filosofía se cree que viene de la masonería y que consiste en la búsqueda
de la iluminación, en la búsqueda de uno mismo, de mi yo. También se compone
por nociones de la mayoría de las grandes religiones orientales, como son el
Taoísmo, el Confucionismo, el Código del Bushido
y sobretodo del Budismo, tanto del japonés como del tibetano y chino.
Los
seguidores de esta doctrina se dan cuenta de que en el universo hay un orden
preestablecido y eso debe de ser por algo que así lo permite y ese algo es el Chi, el Ki, el Tao, Dios o como
se le quiera llamar. Para los Caballeros
Jedi existe una fuerza, a la que llaman La
Fuerza, de la que el mundo surgió y que se encuentra presente en todo lo
que existe, tanto en el universo como en cualquier ser vivo por insignificante
que nos parezca; esta fuerza está contenida en cualquier objeto, en cualquier
criatura y se puede sentir por medio de la meditación, tal cual lo que el
Budismo expresa.
Los Caballeros Jedi afirman que existen unos organismos de tamaño microscópico que se encuentran en las células en un número variable y que viven en simbiosis con los seres vivos y sirven para interactuar con La Fuerza, son los midiclorianos. Cuantos más midiclorianos posea una criatura, más posibilidades tendrá para usar La Fuerza. Existen seres con un número muy elevado de midiclorianos por célula, como el maestro Yoda que tenía 20.000; estos seres son muy sensibles a La Fuerza y si se les entrena de la forma correcta se podrán convertir en Jedis.
Poco se sabe de la ética y la moral jediistas, pero consideran que nunca
se debe intentar algo, ya que no se emplearían toda nuestra Fuerza en hacerlo, lo que se debe es
utilizar toda la fuerza y estar convencido de que lo vamos a lograr, sino lo
logramos y perdemos, moriremos en el intento por nuestra causa, aun pudiendo
estar equivocados, seremos derrotados con honor, lo importante aquí entonces es
la voluntad de la acción y no el resultado, aunque a nadie le guste perder
obviamente.
"No, no lo intentes, hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes."
Los Caballeros Jedis temen caer en el lado
oscuro y consideran que existen dos caras de la moneda, el Bien y el Mal, los
cuales son dos opuestos y de los cuales no podemos permanecer en el medio, en
la incertidumbre de cual elegir, debemos ir hacia uno, porque sino entre ellos
dos nos machacan y acaban con nuestra voluntad; el Bien es la luz, el mal es el
tan famoso Lado Oscuro, al que
cualquier pensamiento negativo, ira o acción mal intencionada nos lleva, como
dice muy correcto Yoda: “El miedo
lleva a la ira, la ira lleva al odio y este al sufrimiento.”
Los deseos
políticos de los jediístas son muy sencillos, pretenden crear una república
universal, donde todos los pueblos vivan en armonía y en paz, es decir son
cosmopolitas como los sabios estoicos que deseaban instaurar una democracia
universal en la que no hubiese distinciones de raza ni estatus y en la que tanto
bárbaros como griegos tuviesen la misma voz y el mismo voto.
Personalmente,
no soy partidario de ninguna religión, porque mis creencias verdaderamente no
son acordes con la mayoría de los preceptos de cualquier religión, no puedo
obviar que suceden cosas que escapan a mi entendimiento y el de cualquier ser
humano y que no por ello han de ser causadas por algo sobrenatural, pero, ¿es
qué acaso Dios tiene que ser un ente sobrenatural? ¿No puede ser Dios “un algo”
que conecta todo lo que existe y permite así que todo funcione? ¿No puede ser
Dios una chispa encendida en el inicio de los tiempos y que perdurará hasta que
todo lo que vemos, olemos, tocamos, sentimos… se acabe?
Para mí,
Dios es “un algo”, una fuerza que lo rige y todo y lo mantiene todo ordenado,
al que no se le escapa ni un mísero detalle; si una cabra montesa tiene cuernos
es para algo, debemos ser conocedores de ello, si el ser humano tiene dos manos
es para algo y si tiene un cerebro también es para algo, aunque poco lo use. Existe
una armonía en todo lo que existe, una perfecta afinación, pasan cosas malas,
nadie puede negarlo, pero estas cosas malas suceden por algo, suceden porque un
mundo no puede ser perfecto, en un mundo no puede ir todo bien, se ha de
producir un equilibrio entre cosas beneficiosas y cosas perjudiciales, las
personas se tienen que morir para que después existan más personas, los pájaros
tienen que comer, los gusanos tienen que comer, las ranas tienen que comer, los
perros, leones, tigres y osos tienen que comer y necesitan comer para funcionar
y vivir, para aprovechar esta experiencia de magnitudes únicas, porque no somos
nosotros los únicos que debemos disfrutar de todo lo que hay y existe, sólo
somos uno más en todo lo que hay, aunque quizás tengamos la chispa más
encendida que el resto, quien sabe.
Una gran teoría de estos tiempos sobre el universo, su porqué y su devenir es la teoría del Biocentrismo, teoría desarrollada por el ilustre Robert Lanza, experto en medicina regenerativa; la teoría viene a decir lo siguiente:
1) Lo que percibimos como realidad es un proceso que exige la participación de la conciencia.
2) Nuestras percepciones exteriores e interiores están inextricablemente entrelazadas; son dos caras de una misma moneda.
3) El comportamiento de las partículas subatómicas está ligado a la presencia de un observador. Sin la presencia de tal observador consciente, existen, como mucho, en un estado indeterminado de ondas de probabilidad.
4) Sin conciencia, la materia reside en un estado de probabilidad indeterminado. Cualquier universo que pudiera haber precedido a la consciencia habría existido solo en un estado de probabilidad.
5) Solo el biocentrismo puede explicar la estructura del universo. El universo está ajustado de forma sublime para que en él haya vida, lo cual tiene sentido, ya que la vida crea al universo y no al contrario. El universo es la lógica espaciotemporal completa del ser.
6) El tiempo no tiene existencia real fuera de la percepción sensorial animal. El tiempo es el proceso mediante el cual percibimos los cambios del universo.
7) El espacio no es un objeto. El espacio es otra forma de nuestro entendimiento animal y carece de realidad independiente. Llevamos el espacio y el tiempo con nosotros adondequiera que vamos. Así pues, no hay una matriz absoluta con existencia propia e independiente de la vida en la que ocurran los acontecimientos físicos.
La teoría de Robert Lanza trae consigo una serie de innovaciones escandalosas a la hora de ver lo que es la vida y demás, llega a afirmar el pensador norteamericano, que la muerte no existe, que es simplemente una ilusión creada por la manera en que los seres humanos vemos la realidad. Al ser espacio y tiempo elementos de nuestra conciencia para hacer la vida más sencilla, la muerte se convierte en un elemento más de nuestra conciencia, afirmando que existen infinidad de universos con diferentes variaciones de personas y situaciones que tienen lugar simultáneamente, así todo lo que posiblemente puede ocurrir, está ocurriendo en algún momento en uno de estos universos posibles. Podemos ser inmortales si así lo construimos en nuestra mente.
Para fundamentar su teoría se basa en implicaciones extraídas de la mecánica cuántica y sobretodo en la observación del famoso experimento de doble rendija.
Yo, entonces desde un punto vista bastante ignorante con respecto a la profundización en el tema por parte de Robert Lanza y demás colegas, me pregunto si en cierto modo el tan famoso ser creador, coordinador de todo lo que existe al final es la vida misma, o nosotros mismos. ¿Somos los seres vivos, más concretamente, los seres con autoconciencia, capaces de construir la realidad? ¿Es posible que existe la realidad sin un observador consciente? La respuesta a esta segunda pregunta basándonos en todo lo expuesto anteriormente es un no rotundo; el mundo es posibilidad y nosotros somos el cuchillo que corta la mantequilla para decidir en que se va a convertir esa posibilidad. Somos parte de una matriz, una matriz eterna e infinita de la que nunca nos vamos a escapar y como dice Robert Lanza, de forma bastante acertada bajo mi punto de vista: " La vida es una aventura que trasciende nuestro modo ordinario de pensar. Cuando morimos, no lo hacemos aleatoriamente en la bola de billar de la matriz, sino en la ineludible matriz de la vida." Buenas noches a todos, pasen una feliz noche de reyes y una feliz vida.
Desde este sillón sumamente desgastado de tanto usarlo para pensar y desde el poder racional que el mismo me da, deseo a todo ser vivo habitante de cualquier planeta y regido bajo la ilusión del transcurso del tiempo lineal y el calendario gregoriano que tenga un final de año de 2013 bueno y una entrada del 2014 sublime.
Ya llevo diecinueve Felices-Años, cada uno lo he tomado de forma diferente, los primeros sin enterarme pues no tenía la suficiente capacidad y más adelante con mucha felicidad y alegría, pero creo que he evolucionado y me he puesto un escalón por encima; ¿Qué se celebra en fin de año? ¿Qué somos un año más viejos? ¿Qué nos queda un año menos de vida? ¿Qué la cuenta atrás no cesa? ¿Por qué alegrarme de una ilusión que se produce en mi a partir de mi conciencia? No existe el 2014, no existe el 2013, no existe el año 1897, ni tampoco el año 354 AC; Colón no descubrió América en 1492, la Revolución Francesa no sucedió en 1789, las Twin Towers no se destruyeron el 11 de septiembre del año 2001, Nelson Mandela no murió en 2013, ni John F. Kennedy en 1963. Esos sucesos pasaron, pero no se puede decir que en tal o tal año porque eso es una construcción nuestra, pasaron cuando pasaron, cuando fuese, pero no en el año X o en el año Y.
Este tiempo está muy bien construido para organizarse y tener unos ritmos de vida estructurados dignos del mismísimo Kant; pero el tiempo no es así, el tiempo real no es el hoy...hoy...hoy... que se convierte en pasado, presente y futuro, sino que es el h.....o....o....o.................y, un tiempo en el que no existen ni momentos pasados ni futuros y en el que todo es uno, pero que aún así pasa y no cesa, sin perdonar a nadie, ni al más pintado empresario ni al más pobre mendigo.
Al tiempo le da igual que pase el tiempo, pues no es ni eterno, ni infinito y mucho menos finito, el tiempo es simplemente tiempo y no está en los dígitos de un reloj y muchos menos en los días o años que un calendario muestra, todo es una sucesión, una continua participación de eventos en nuestras vidas, no existen los años, por tanto Feliz Continuación Temporal y espero que así la tengáis durante muchos años, ¡Feliz 2014!